Talleres no pudo con la trinchera de Belgrano: empate clásico

La “T” mereció más, pero le faltó efectividad. Losada comandó la resistencia “Pirata”. El derbi terminó con el marcador que predominó a lo largo de la historia: la igualdad.

A los cinco minutos, un tiro libre de Garro por arriba de la barrera exige a Losada. A los 10, el volante albiazul mete una pincelada de taco después de una trepada de Sosa y Depietri queda mano a mano: más allá del punto penal y más acá del área chica, busca el palo derecho del arquero, que adivina y empieza a probarse el traje de héroe. Recién a los 15, Belgrano avisa que está en juego: Ibacache recibe una pelota aérea que peina Passerini y remata fuerte, pero pasa a un metro del caño derecho de Herrera.

A los 20, Losada vuelve a negarle el gol de tiro libre a Garro, y el panorama celeste se opaca: cuando todavía no transcurre la mitad del primer tiempo, «el Pirata» tiene a sus dos centrales –Godoy y Rébola- amonestados. De la mano de sus dos mejores hombres en campo, la visita reacciona. Sánchez conduce y asiste, y Rolón mete un taco quirúrgico para Passerini, que irresoluto busca a Marín y no al gol.

Cuando faltan 10 minutos para el cierre de la primera mitad, Barinaga se suma al lote de los condicionados y la “B” tiene a tres de sus cuatro defensores con amarilla. El local no detiene su vértigo. Sosa no cesa: de encarar, de pasar, de apilar gente. Y Garro no deja de sacar galera y bastón y de meterle bochas profundas. Pita Herrera, al “Matador” se le escapa el rival y al “Celeste” lo salva la campana.

¿Qué hará Talleres para por fin romper el cero? ¿Cómo se las ingeniará Belgrano para frenar el vendaval? Se reanuda el partido, y sorpresa –al menos, para el equipo que está siendo sometido-: no hay cambios.

Talleres arremete galopante otra vez y lleva la pelota a campo rival. Pero a los 11 del complemento, un viejo axioma casi arruina la fiesta del dueño de casa. Ulises sacude de afuera, la bocha se desvía, la toca Guido, choca en el palo izquierdo, sale mansita paralela a la línea y a Passerini, como toda la noche, le falta reacción para gritar aquello de que “los goles que no se hacen en un arco…”.

A esa bola, la que más cerca estuvo de transformarse en gol, la “T” responde con un cachetazo a la psiquis de su oponente. Gandolfi llama al as de espadas de los clásicos, Nahuel Bustos, y el Kempes se viene abajo. Farré mira su mazo, descubre que tiene una sota y algo más, y con lo que hay se la juega: convoca a la función a Chavarría y Pastrán.

Pero no hay milagro. Porque Nahuel juega para él y se apropia de un tiro libre que pide por Garro, y llegando al área prueba al arco en lugar de buscar al compañero mejor ubicado. Y porque en Belgrano sale, a los 30, el punto alto que fue Rolón.

Garro, sin piernas, se queda también sin lucidez y sin incidencia. Sosa, con lógico cansancio, ya no puede con el reordenado “Colo”. Talleres se frustra y Belgrano respira. El partido, aunque se quiebra a la mitad, entra en una meseta. Y en ese estado de indefinición, los dos se aferran a la máxima que reina en los clásicos: si no se puede ganar, mejor empatar.

Porque, a pesar de las chicanas y el folclore, ese fue el resultado que primó en la historia del derbi cordobés: de las 402 veces que en más de 100 años se enfrentaron, ganaron 133 cada uno y quedaron a mano en 135 oportunidades. Y eso mismo ocurrió en las paternidades que celestes y albiazules se enrostran hasta hoy: en los 14 años de dominio “Pirata”, entre 1982 y el 1996, de 26 enfrentamientos empataron 14; y, en los 17 años de superioridad oficial del “Matador”, de 2006 a la actualidad, igualaron ocho de 11 duelos.