El capitán resurgente: el renacer académico de un hombre que desafió al olvido

Jugó con “el Cuti” y con Bolatti. Pero, después de su debut, no volvió a competir ni en Belgrano ni en Primera. Tras pasar por clubes de Misiones, Chubut y Santa Fe, volvió a la Liga Cordobesa y se puso a trabajar. Hasta que apareció Racing, donde lleva tres años, jugó más de 100 partidos y se convirtió en capitán. La historia de "Lei" Fernández.

Todavía recuerda aquellos partidos soñados que interrumpía el “¡a comeeer!” de la vieja. Eran duelos eternos, que empezaban después de la tarea y terminaban minutos antes de la cena. Aún hoy puede sentir el piso de esa plaza en las plantas de sus pies y la alegría en el alma que le daba patear una pelota en el pueblo, con sus hermanos y sus vecinos.

Pero se acuerda, también, de otros encuentros menos felices: cuando, tres años después de haber debutado en Primera División, le tocó volver a la Liga Cordobesa (LCF) y ponerse a trabajar en una fábrica de ropa para mantener a su hija de poco más de un año.

Leandro Fernández conoció los flashes del éxito que alumbran al fútbol y se sumergió en las penumbras que proyecta el deporte profesional. Fue goleador, capitán y subcampeón en inferiores de AFA y, tras ser promovido a Reserva con el “Cuti” Romero, debutó en la máxima categoría del fútbol argentino. Pero ese estreno, en el que compartió equipo con el zaguero campeón en Catar y con otro mundialista como Mario Bolatti, fue su única vez en la cima del fútbol argentino: después del 0-0 contra Olimpo, el 18 de septiembre de 2016 en el Kempes, “Lei” no vistió nunca más la casaca de aquel Belgrano que llegó a octavos de final de la Copa Sudamericana.

«Lei», de pie, a la derecha, al lado de Bolatti.

“Fue un golpe muy duro. A los 21, estaba debutando en Primera y, tres años después, me toca jugar la Liga Cordobesa. Sin desmerecer a la Liga, pero fue un golpazo, porque ahí lógicamente no se gana lo que se gana en el fútbol profesional. Y uno proyecta su vida teniendo en cuenta el presente que le toca vivir. Yo ya tenía a mi hija (Pía) de más de un año. Así que empecé a trabajar en una fábrica de ropa: laburaba de 8 a 14, volvía a casa al mediodía, comía algo rápido y me iba al entrenamiento con Las Palmas, que era a la siesta”, le cuenta a LA SAETA el hoy emblema de Racing de Nueva Italia.

—¿Cómo fue tu historia en Belgrano?
—Llegué en 2013. Había tenido la posibilidad de venir unos años antes, porque Federico Bessone, que era reclutador del club, me había visto en un campeonato de selecciones de Liga, en Embalse, donde habíamos salido campeones con la sub-15. Vine a un par de entrenamientos, pero no me quise quedar. Me volví, terminé el secundario y recién ahí me sumé a la 5ta división. Yo había hecho todas las inferiores, desde los cinco y hasta los 17 años, en Belgrano de Almafuerte, uno de los dos clubes que hay en mi pueblo. Y el cambio fue muy grande. Yo estaba acostumbrado a entrenar tres o cuatro veces a la semana y acá se entrenaba todos los días, se le daba mucha bola a la parte física, al gimnasio, ¡y yo en el pueblo no había hecho nunca pesas! Para ir a entrenamiento, tenía que tomarme dos colectivos cuando, en el pueblo, agarraba la bici y me iba al club o a cualquier otro lado.

Y, aunque le llevó algunos meses, pudo concretar la ansiada adaptación. Si bien jugó mucho en el equipo que competía en la LCF, fue parte de la 5ta de AFA subcampeona y, al año siguiente, se ganó la titularidad, la cinta de capitán y la distinción como goleador de la 4ta. Fue ese gran desempeño el que lo llevó a firmar contrato y a cumplir el sueño de jugar en primera.

Sin embargo, aquel romance celeste se evaporó. Sus sueños de futbolista entraron en un terreno fangoso y, antes de reencontrar el amor por la pelota en Córdoba, lo persiguió sin suerte por Misiones, Chubut y Santa Fe. Después de Belgrano, pasó por Crucero del Norte, Brown de Puerto Madryn, Sportivo Las Parejas, hasta que apareció la que, desde hace tres años, se convirtió en su segunda casa: “la Academia” cordobesa: “La oportunidad de Racing fue un resurgir en mi carrera. Lo había enfrentado y le había hecho un gol en su cancha. Yo estaba muy metido con Las Palmas, habíamos armado un buen equipo. Pero vino la pandemia, se cerró todo, y me tuve que ir a trabajar con mi suegro a San Agustín, a una molienda de piedras, haciendo la clasificación y proceso y también en un corralón, con el reparto y lo que hiciera falta. Hasta que en agosto me llamaron de Racing, que estaba jugando el Regional Amateur, y cambió todo”.

¿Cuánto puede cambiar la vida de una persona un partido, un gol, un club, un voto de confianza? Un montón. “Lei” jugó ya más de 100 partidos con la camiseta de Racing, es el capitán del equipo y se transformó un referente de la institución que compite en la Primera Nacional.

“Racing, como dice nuestro presidente, Manuel Pérez, es un gigante que está despertando –define con la convicción y la sabiduría de quien conoce hasta el último rincón del Miguel Sancho-. Es un club muy apasionado, de hinchas que vienen golpeados desde hace muchos años, que disfrutaron del famoso Racing de los 80 que lo llevó a ser uno de los más grandes del país. Les tocó pasarla mal en lo deportivo y con problemas institucionales, que hoy están prácticamente solucionados y que, deportivamente, ya subió dos categorías y se está asentando en una segunda división que es muy difícil. Tenemos una gran masa de hinchas que nos acompaña, que aportan su fanatismo y su ilusión para que Racing vuelva a ser lo que era”.

María Pía, su hija, fue la inspiradora del nombre del negocio de ropa que administran el futbolista y su pareja, Aldana: Mini Pía.

Será por lo que aprendió de Silvana, su mamá, docente desde hace más de 30 años. O de Sergio, su papá, empleado de una petroquímica en Río Tercero. Pero Fernández se apega al trabajo, a los pequeños e irremplazables instantes de felicidad, y sueña con los pies en la tierra.

—A los 29 años, ¿con qué soñás? ¿Te gustaría tener otra oportunidad en Belgrano?
—Antes lo tenía como una obsesión. Me iba a préstamo y me mentalizaba en jugar bien para volver ahí. Después, fui entendiendo cómo son los caminos del fútbol. Obvio que me encantaría tener otra chance en Belgrano u otro club de primera. Pero ahora estoy abocado a Racing, que ya se convirtió en mi casa. Quiero que mejoremos la campaña del año pasado, que peleemos una clasificación. Y, como soy muy familiero, disfruto mucho de mi hija, mi esposa, poder estar tranquilos los tres y hacer muchas cosas juntos. Con eso, yo ya estoy bien.