Ckari Cani Mansilla: “Que Milei sea presidente es más peligroso que subirse a un ring”

Hace dos años, un camión embistió su moto cuando se iba a trabajar y casi pierde la vida. Pese a que tuvo una lesión hepática de grado 5, este sábado volverá a boxear. Y no le teme ni al ring ni a dejar en claro su posición política.

Aunque pensó que se moría, no le tiene miedo a la muerte. Y por eso la desafía. Tras sufrir un siniestro vial que casi le cuesta la vida, Ckari Cani Mansilla volverá este sábado a retar al destino: regresará al ring después de dos años y medio de inactividad.

Reconoce que es un bicho raro. Y no sólo porque decide calzarse los guantes a pesar de la grave lesión en el hígado que lo obligó a una embolización hepática, sino porque abraza a la política en tiempos en que esta parece mala palabra.

«Desde que salí del hospital, me estoy entrenando. Arranqué caminando, después con un turno y estuve así medio año. Hasta que me empecé a poner bien y largué con doble turno de entrenamiento. Lo consulté con los médicos del Hospital de Urgencias y del Sanatorio Allende, que son cirujanos y especialistas en hígado, y me dijeron que mi hígado funciona bien, las enzimas funcionan bien. Durante el accidente, tuve una lesión justo en la mitad del hígado, como si se me hubiera partido por la mitad. Pero no perdí ninguna parte, fue como una rajadura: cicatrizó y listo. Gracias a Dios, el hígado se regenera. A principio de año, desde el Urgencias me llamaron para un control y me dijeron que, si veían algo malo, me iban a llamar. Y no me llamaron. Así que acá estoy, por pelear, ja ja», le dice a LA SAETA el cordobés de 31 años que, el 15 de junio, mientras iba en su moto fue embestido por un camión, y que ahora se prepara para, en el hotel Quorum de su ciudad, enfrentarse a seis rounds al riojano Alexis Rearte.

—¿Por qué alguien que estuvo al borde de la muerte decide volver a boxear?
—El día que choqué pensé que me moría porque, si bien no tenía ninguna quebradura, me empecé a sentir mal y sabía que algo no estaba bien adentro de mi cuerpo. Por el boxeo recibí muchos golpes, muchos en el hígado, en el vaso, en la boca del estómago, y el dolor que tenía no era parecido ni al peor gancho al hígado que me hayan metido. Entonces dije: ‘Puta, me hice cagar adentro’. Y así fue, tenía una hemorragia interna. Pero, una vez en el hospital, sólo pensé en salir de ahí, en recuperarme y volver a pelear. Creo que hay que vivir como si fuera el último día y que, para salir adelante en esta vida, hay que arriesgarse. No le tengo miedo a la muerte. Todos nos vamos a morir en algún momento y por eso hago lo que quiero hacer: quiero boxear y boxeo. Siempre fui el más chiquito, en todos lados, y tuve que pelear para ganarme un lugar.

El exretador al título sudamericano, en sala común del hospital.

—¿Y qué dice tu familia?
—Me apoya. Nosotros somos una familia de barrio. Mis viejos fueron siempre trabajadores independientes y laburan hasta el día de hoy. Mi papá, con 60 años, tiene un camión volcador y mi mamá, con 58, es pedicura. A lo largo de la vida se la jugaron innumerables veces por mis hermanos y por mí, y no hay nada más duro que la vida misma. Me acuerdo de que mi vieja cobraba la Asignación Universal por Hijo y con eso me pagaba los boletos del bondi para que pudiera terminar el secundario. Gracias a ella y a que había educación pública, pude estudiar la carrera de técnico constructor. Mi esposa, Tania, también me rebanca, somo un equipo. Si todos ellos me ven que entreno y saben que es lo que quiero, me acompañan. Mi hijo no se da cuenta todavía de que boxeo, pero me ve entrenar todo el día y me dice que no quiere ser grande porque los grandes «sólo trabajan y entrenan».

—Hablaste de la AUH y en tus redes solés hablar de política. ¿Qué es más peligroso: que Milei sea presidente o subirse a un ring?
—Que gane Milei. Porque en un ring peleás contra otro igual que vos, hay igualdad de condiciones. Uno puede haberse entrenado un poco más o un poco menos, pero los dos tienen dos manos, dos piernas, y es una pelea equitativa. En cambio, con Milei va a ser una lucha desigual. Él viene con la represión, los tarifazos, el desempleo, los jubilados y los niños muriéndose de hambre, etc. Todo eso va a empeorar las condiciones de vida de todos. Porque esas crisis afectan a todos los sectores: el deporte, la salud y la educación.

—¿Se habla de política en el gimnasio?
—Poco. Mi entrenador (Luis Olivero), como mucha gente, incluidos amigos y familiares, es votante de Milei. Ahora los bichos raros somos los peronistas. Y es muy loco, porque se repite la historia. Escuchamos de vuelta que usan de forma despectiva la palabra ‘zurdo’, por ejemplo. Para mí, el peronismo es una forma de ayudarnos a nosotros mismos, de fijarse en todas las clases sociales para intentar equiparar, distribuir las riquezas y esas cosas.

—¿Tienen algo en común el boxeo y el peronismo?
—Mucho. El auge del boxeo en Argentina fue en los mejores tiempos del peronismo. Hubo muchos boxeadores peronistas que fueron grandes campeones: Pascualito Pérez, Monzón, Gatica. Y los ideales del peronismo para mí siempre fueron el trabajo, la disciplina, y esos valores son justamente los que inculca el boxeo, por eso tienen un montón en común. Y, por supuesto, que los boxeadores siempre son trabajadores invisibles que vienen de abajo, con una historia de superación, que son símbolos de lucha, de pelearla de atrás.

A prenderse a la TV
El combate entre Mansilla (15-2, 11 KO) y Rearte (8-8-1, 3 KO), pactado en peso pluma, se verá por TyC Sports desde las 22.45 y por TyC Sports Play, desde las 21.